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El espacio sociosanitario no existe, es tan sólo virtual

Francesc Moreu
Gerente de CHC Consultoria y Gestión, S.A.


El autor replica la extendida teoría que apuesta por la articulación de un espacio sociosanitario. A su juicio, la concurrencia de situaciones como la dependencia y la enfermedad precisan de una respuesta precisa que, sin embargo, no debe pasar por un modelo ad hoc. La conexión entre AP y los servicios sociales o la creación de consejerías de Servicios Personales son algunas de sus propuestas.

La introducción del concepto de asistencia sociosanitaria aparece en Cataluña en la Orden de 29 de mayo de 1986 por la cual se aboga por la integración de los servicios sociales y sanitarios en una única prestación bajo la triple orientación de prevenir la cronificación, propiciar un aumento de la salud de los mayores y potenciar la rehabilitación y restablecimiento de la salud de las personas. El programa Vida als anys es el instrumento del que se dotó en aquel entonces la asistencia sanitaria en Cataluña para hacer efectivos estos objetivos.

A partir de aquí, el modelo catalán ha sido el espejo en el cual se han mirado todos cuantos han tratado de poner en marcha en el ámbito de su responsabilidad un programa de este estilo. Hoy, las circunstancias han cambiado y el éxito del programa Vida als anys nos permite plantear una respuesta diferencial para la problemática sociosanitaria de principios del siglo XXI.
En contra de lo que habitualmente se cree no existen en mi opinión tres espacios (el social, el sanitario y el sociosanitario) sino que existen sólo dos, el social y el sanitario, pero ambos no son disjuntos sino que tienen en todos los casos un fuerte solapamiento a partir de una concepción holística del hombre y de su biografía entendida de forma longitudinal y no como una suma de episodios aislados.

Concurrencia de situaciones
El ámbito social se ocupa de la dependencia sea ésta cual sea (mayores, discapacitados, crónicos, drogodependientes, etc.) mientras que el ámbito sanitario se ocupa de enfermedad. Es en el caso en que concurren dependencia y enfermedad cuando debe buscarse una solución al concepto de integralidad pero no creando un espacio ad hoc, con unos dispositivos asistenciales propios, sino buscando un nuevo paradigma basado, no en la provisión, sino en la valoración, diagnóstico y acceso a esta provisión desde la perspectiva de un gestor del caso que se ocupe de la biografía de la trayectoria asistencial a partir de las carteras de servicios de uno y otro ámbito provistas por los recursos de ambos espacios.
El nudo gordiano de esta propuesta está en buscar este espacio -que para mí es virtual desde la posición de la gestión del caso y no de la provisión de los servicios-. El núcleo básico sobre el cual estructurar esta propuesta es la conexión, incluso en el mismo espacio físico, de los equipos de atención primaria (EAP) y de los servicios sociales de la asistencia primaria.
Servicios personales
Obviamente un planteamiento de este estilo se refuerza en el marco de la separación del aseguramiento y la provisión y en la unificación de los recursos sociales y sanitarios bajo, no una consejería de Sanidad o Salud y Bienestar Social, sino una consejería de Servicios Personales que fusione ambos ámbitos desde la valoración de la necesidad y la asignación del recurso preciso para subvenirla. De este modo no queda duda. Convalecencia y cuidados paliativos son cien por cien sanitarios y no deben crearse centros sociosanitarios químicamente puros vinculados a uno u otro ámbito.
Lo único que tiene sentido son los centros polivalentes bajo la esfera, si así se quiere llamar, de los servicios sociales, con una cartera de productos y servicios que evoluciona desde la línea residencial asistida a la sociosanitaria y a la psicogeriatría, que es una carrera concordante con el ciclo vital de las personas. Estos centros polivalentes deberían también proporcionar la atención de hospital de día, respiro y atención domiciliaria para las ayudas para la vida diaria e incluso, si mucho se me apura, la teleasistencia.
No, pues, a los centros sociosanitarios químicamente puros, entendidos como guetos que alejan por fuerza a las personas de su entorno habitual y de su contexto afectivo (no olvidemos que en Cataluña la mayoría de estos centros son consecuencia de hospitales de agudos que en su día no superaron la acreditación). Centros polivalentes cuyas atenciones sean la suma de un módulo residencial más uno de dependencia más uno sanitario vinculado al problema son la respuesta adecuada a una necesidad creciente y, hoy por hoy, mal atendida.
Soluciones a la dependencia
Obviamente debe buscarse una solución a la cobertura de la dependencia. Igual que existe desde el ámbito público una cobertura universal gratuita y pública para la enfermedad debe existir una cobertura para la dependencia que nos aleje del carácter graciable actual de tal prestación aseguradora como consecuencia de un contrato social adecuado a una nueva sociedad.
Esta es mi convicción y mi apuesta que tiene, en mi criterio, incluso una racionalidad financiera. Un plan sociosanitario convencional que permita cubrir desde la convalecencia hasta la hoy llamada larga estancia exige de 7.500 pesetas per capita que hoy nadie financia
Esta propuesta, con la reubicación de la provisión o en el ámbito sanitario (con las transformaciones en las camas de agudos que esto implica) o en los centros asistidos (cuyos costes de estructura en buena medida existen) junto a la potenciación de todo tipo de actividades que eviten en lo social la institucionalización y la gestión integral del continuum en lo sanitario permitirá ajustar sensiblemente esta cifra.
El problema es ya hoy acuciante y su dimensión crecerá año a año. El pasado es un referente pero no la única alternativa. Para hacer cosas nuevas lo difícil no es imaginar otras opciones, lo difícil es olvidar las viejas y para ello y en este caso, la premisa de partida es clara. El espacio sociosanitario no existe, es tan sólo virtual.