La
introducción del concepto de asistencia sociosanitaria
aparece en Cataluña en la Orden de 29 de
mayo de 1986 por la cual se aboga por la integración
de los servicios sociales y sanitarios en una única
prestación bajo la triple orientación
de prevenir la cronificación, propiciar un
aumento de la salud de los mayores y potenciar la
rehabilitación y restablecimiento de la salud
de las personas. El programa Vida als anys es el
instrumento del que se dotó en aquel entonces
la asistencia sanitaria en Cataluña para
hacer efectivos estos objetivos.
A
partir de aquí, el modelo catalán
ha sido el espejo en el cual se han mirado todos
cuantos han tratado de poner en marcha en el ámbito
de su responsabilidad un programa de este estilo.
Hoy, las circunstancias han cambiado y el éxito
del programa Vida als anys nos permite plantear
una respuesta diferencial para la problemática
sociosanitaria de principios del siglo XXI.
En contra de lo que habitualmente se cree no existen
en mi opinión tres espacios (el social, el
sanitario y el sociosanitario) sino que existen
sólo dos, el social y el sanitario, pero
ambos no son disjuntos sino que tienen en todos
los casos un fuerte solapamiento a partir de una
concepción holística del hombre y
de su biografía entendida de forma longitudinal
y no como una suma de episodios aislados.
Concurrencia de situaciones
El
ámbito social se ocupa de la dependencia
sea ésta cual sea (mayores, discapacitados,
crónicos, drogodependientes, etc.) mientras
que el ámbito sanitario se ocupa de enfermedad.
Es en el caso en que concurren dependencia y enfermedad
cuando debe buscarse una solución al concepto
de integralidad pero no creando un espacio ad hoc,
con unos dispositivos asistenciales propios, sino
buscando un nuevo paradigma basado, no en la provisión,
sino en la valoración, diagnóstico
y acceso a esta provisión desde la perspectiva
de un gestor del caso que se ocupe de la biografía
de la trayectoria asistencial a partir de las carteras
de servicios de uno y otro ámbito provistas
por los recursos de ambos espacios.
El
nudo gordiano de esta propuesta está en buscar
este espacio -que para mí es virtual desde
la posición de la gestión del caso
y no de la provisión de los servicios-. El
núcleo básico sobre el cual estructurar
esta propuesta es la conexión, incluso en
el mismo espacio físico, de los equipos de
atención primaria (EAP) y de los servicios
sociales de la asistencia primaria.
Servicios
personales
Obviamente
un planteamiento de este estilo se refuerza en el
marco de la separación del aseguramiento
y la provisión y en la unificación
de los recursos sociales y sanitarios bajo, no una
consejería de Sanidad o Salud y Bienestar
Social, sino una consejería de Servicios
Personales que fusione ambos ámbitos desde
la valoración de la necesidad y la asignación
del recurso preciso para subvenirla. De este modo
no queda duda. Convalecencia y cuidados paliativos
son cien por cien sanitarios y no deben crearse
centros sociosanitarios químicamente puros
vinculados a uno u otro ámbito.
Lo
único que tiene sentido son los centros polivalentes
bajo la esfera, si así se quiere llamar,
de los servicios sociales, con una cartera de productos
y servicios que evoluciona desde la línea
residencial asistida a la sociosanitaria y a la
psicogeriatría, que es una carrera concordante
con el ciclo vital de las personas. Estos centros
polivalentes deberían también proporcionar
la atención de hospital de día, respiro
y atención domiciliaria para las ayudas para
la vida diaria e incluso, si mucho se me apura,
la teleasistencia.
No,
pues, a los centros sociosanitarios químicamente
puros, entendidos como guetos que alejan por fuerza
a las personas de su entorno habitual y de su contexto
afectivo (no olvidemos que en Cataluña la
mayoría de estos centros son consecuencia
de hospitales de agudos que en su día no
superaron la acreditación). Centros polivalentes
cuyas atenciones sean la suma de un módulo
residencial más uno de dependencia más
uno sanitario vinculado al problema son la respuesta
adecuada a una necesidad creciente y, hoy por hoy,
mal atendida.
Soluciones
a la dependencia
Obviamente
debe buscarse una solución a la cobertura
de la dependencia. Igual que existe desde el ámbito
público una cobertura universal gratuita
y pública para la enfermedad debe existir
una cobertura para la dependencia que nos aleje
del carácter graciable actual de tal prestación
aseguradora como consecuencia de un contrato social
adecuado a una nueva sociedad.
Esta
es mi convicción y mi apuesta que tiene,
en mi criterio, incluso una racionalidad financiera.
Un plan sociosanitario convencional que permita
cubrir desde la convalecencia hasta la hoy llamada
larga estancia exige de 7.500 pesetas per capita
que hoy nadie financia
Esta
propuesta, con la reubicación de la provisión
o en el ámbito sanitario (con las transformaciones
en las camas de agudos que esto implica) o en los
centros asistidos (cuyos costes de estructura en
buena medida existen) junto a la potenciación
de todo tipo de actividades que eviten en lo social
la institucionalización y la gestión
integral del continuum en lo sanitario permitirá
ajustar sensiblemente esta cifra.
El
problema es ya hoy acuciante y su dimensión
crecerá año a año. El pasado
es un referente pero no la única alternativa.
Para hacer cosas nuevas lo difícil no es
imaginar otras opciones, lo difícil es olvidar
las viejas y para ello y en este caso, la premisa
de partida es clara. El espacio sociosanitario no
existe, es tan sólo virtual.